La palabra compartida | Saber inglés de blanca

A partir de la lectura colectiva de Beloved, de Toni Morrison, Juliana Uribe Vélez reflexiona sobre los límites del bilingüismo, la mirada blanca y la idea de una literatura universal. Un ensayo que invita a cuestionar nuestros puntos ciegos como lectoras y a comprender por qué leer con enfoque de género también exige reconocer otras formas de experiencia, lenguaje e identidad.

En La palabra compartida, la Red Relata abre un espacio para las voces y reflexiones que nacen en sus talleres y tertulias literarias. Cada texto nos acerca a las experiencias de quienes encuentran en la lectura y la escritura una forma de poner en conversación sus preguntas y opiniones.  

Hoy compartimos «Saber inglés de blanca y cómo leer con enfoque no es solo combatir el male gaze», un ensayo de Juliana Uribe Vélez, integrante del club de lectura Lo que leen las Amazonas. A partir de la lectura colectiva de Beloved, de Toni Morrison, Juliana examina los límites de una formación literaria que suele presentarse como universal y reflexiona sobre la relación entre lenguaje, raza y lectura crítica. Su texto plantea una pregunta incómoda y necesaria: ¿qué puntos ciegos persisten incluso cuando creemos leer desde una perspectiva crítica? 

 

Saber inglés de blanca y cómo leer con enfoque no es solo combatir el male gaze 

Por Juliana Uribe Vélez 

 

Hace poco terminamos la lectura de Beloved, de Toni Morrison. En el club de lectura Lo que leen las Amazonas nos dedicamos exclusivamente a leer escritoras de todo el mundo, especialmente aquellas que no son tan conocidas o cuya experiencia ha sido censurada o clasificada como un asunto menor. Leer con enfoque de género es el propósito de nuestro club, por lo que la selección de nuestras lecturas siempre responde a una conversación a conciencia sobre las posibilidades dialécticas que surgen de una lectura colectiva. El libro de Toni Morrison no fue la excepción. Desde el comienzo reconocimos que era una lectura que nos asustaba por lo sensibles que resultaban algunos de los temas que aborda y que, a su vez, explicaban, aunque muy por encima, por qué era un libro que estaba siendo censurado en Estados Unidos. Desde el comienzo planteamos que las dificultades que pudiéramos experimentar se verían compensadas por la lectura colectiva y los ejercicios de investigación que siempre se derivan de nuestras lecturas. 

En esa ruta, la de siempre, nos interesaba profundizar en temas transversales tomando la voz de Toni Morrison como referente para pensar en las mujeres negras y las secuelas de la esclavitud. No era la primera autora negra que leíamos ni el primer libro sobre este tema. Anteriormente habíamos leído Afuera crece un mundo, de Adelaida Fernández Ochoa, una especie de spin-off de María, de Jorge Isaacs, en el que la protagonista es una mujer esclavizada a quien le sucede toda una vida, independientemente de que en algún momento haya sido la cuidadora de María. A nuestra intención es necesario sumar que, debido a las características demográficas del club, algunas participantes tenemos la posibilidad de leer las obras escogidas en su idioma original. Esto facilita las discusiones sobre la traducción, las adaptaciones al español y las posibilidades semánticas de ambas versiones. Sin embargo, nunca habíamos considerado que la manera en que Morrison escribió esta novela no solo buscaba recrear un momento histórico, sino también la forma exacta en que las personas de esa época se comunicaban. La novela nos reveló que ese no era el inglés al que estábamos acostumbradas. 

Aunque teníamos ciertos conocimientos históricos y algunos referentes teóricos, no contemplamos que la raza y el lenguaje se transformarían en verdaderos obstáculos. Quienes leímos la novela en inglés nos considerábamos lectoras muy juiciosas, con habilidades reconocidas colectivamente para abordar textos complejos. Sin embargo, a medida que avanzaba la lectura, surgían palabras, expresiones o usos que hacían directamente imposible su comprensión. Tras conversarlo en nuestros encuentros, descubrimos la razón: nuestra formación provenía de un inglés predominantemente blanco y académico, con una estructura muy tradicional que manejábamos sin problema, pero que carecía por completo del contexto de un idioma narrado desde la experiencia de las personas racializadas. 

La promesa de que dominar el idioma garantizaba un acceso ilimitado a la literatura se cayó de un tajo. Entendimos que nuestro bilingüismo se había construido desde un filtro hegemónico, al que solemos ponerle el apellido de universal, pero que nos imponía profundos puntos ciegos. Asumíamos nuestro saber como un lugar neutro, creyendo que nos capacitaba para interpretar cualquier obra; pero, en la práctica, ese «inglés de blanca» operó como una barrera invisible. Lejos de acercarnos, ese marco domesticaba la narrativa y nos impedía ver la verdadera dimensión del trauma racial que Morrison plasmó en el lenguaje de sus personajes: una forma de escribir deliberada, que se negaba a traducir el dolor de la experiencia negra a los términos o al confort del lector hegemónico. 

Este choque terminó por desmontar el «buenismo» con el que abordábamos la lectura. Creíamos que, por el solo hecho de leer exclusivamente a mujeres y buscar una lectura «con enfoque», ya estábamos cumpliendo con la intención de combatir los sesgos. Pero durante nuestros encuentros nos dimos cuenta de que aquello de lo que nos sentíamos orgullosas también era una trampa: sí, se combate un sesgo de género, pero no es el único que deberíamos confrontar si de verdad pretendemos transformar la narrativa hegemónica desde otros saberes e identidades. 

Fue justamente Toni Morrison quien, en Playing in the Dark, desmanteló esa falsa neutralidad al señalar una verdad incómoda con la que nos encontramos: la literatura ha asumido históricamente que «los lectores de prácticamente toda la ficción estadounidense han sido posicionados como blancos». Quisiera complementar a Morrison: el canon asume que todos los lectores son hombres blancos occidentales. 

Esto es lo que sostiene el white gaze (la mirada blanca): un marco en el que la narrativa tradicional construye, según Morrison, un recurso que utiliza la otredad negra no para otorgarle humanidad, sino como telón de fondo para que la identidad blanca afirme su propia libertad. Abordar Beloved desde nuestro club nos exigió romper con esa estructura, y nos tomó un par de sesiones completas dar el viraje necesario para asimilarlo. Tuvimos que hacernos cargo de la pregunta que lanza la autora: ¿qué ocurre cuando un texto se niega a complacer a una raza de lectores que se entiende a sí misma como «universal»? Leer con verdadero enfoque significó negarnos a ocupar el lugar del espectador dominante, dejar de domesticar el trauma y la trama para explicárnoslos desde la blanquitud y permitir, en cambio, que la historia nos atravesara desde la más profunda incomodidad. 

 

 

 

 

Otras conversaciones

La palabra compartida | Aquello que ninguna puerta puede encerrar
Ramsés Uscátegui Cabrera, director del taller Letras de libertad (San Juan de Pasto), reflexiona sobre quince años de labor de escritura en contextos penitenciarios. Un testimonio sobre la empatía, la dignidad humana y el poder de la literatura para devolver la voz y la posibilidad de decidir allí donde la libertad física está restringida.
La palabra compartida | Leer el Caribe para reconocernos
En esta reflexión, Kelly Molinares Torres, directora de la tertulia Almas lectoras (Barranquilla), nos comparte la experiencia de dedicar un año a explorar la literatura del Caribe colombiano. Un viaje de lectura colectiva que invita a mirarnos al espejo, fortalecer la identidad regional y descubrir que nuestras propias historias merecen ser contadas.
La palabra compartida | Los Extraños Invitados se integran a la Red Relata
Desde Mosquera, el taller Extraños Invitados encuentra en la escritura un espacio para explorar la creatividad y construir comunidad. A través de los testimonios de sus integrantes y de la mirada de su director, Andrés Borrero, este texto celebra la literatura que nace en los territorios y los vínculos que se tejen alrededor de la palabra.