La palabra compartida es un espacio dedicado a visibilizar las reflexiones, creaciones y miradas de quienes hacen parte de los talleres y tertulias de la Red Relata. Son textos que nos acercan a las personas y a las maneras en que la lectura, la escritura y la conversación construyen vínculos y comunidades.
En esta entrega viajamos al Nodo Caribe de la mano de Kelly Molinares Torres, directora de la Tertulia Almas lectoras en Barranquilla, Atlántico. En este texto, Kelly nos relata lo que significó emprender una travesía de lectura centrada en los autores de su propio territorio: un ejercicio de mediación y diálogo donde la literatura se convierte en un espejo para reconocer la diversidad, la memoria y la vida cotidiana de la región caribeña.
Kelly Molinares Torres
Directora de la Tertulia Almas lectoras
Durante este año, en Almas lectoras nos propusimos un viaje especial: recorrer el Caribe colombiano a través de sus libros. Aunque vivimos en esta región, descubrimos que leer a nuestros escritores es una manera diferente de habitarla, de comprender sus complejidades y de reconocer las voces que han contado nuestra historia, nuestros conflictos, nuestras tradiciones y nuestros sueños.
La decisión surgió de una pregunta sencilla: ¿cuánto conocemos realmente la literatura que nace en nuestro territorio? Durante años leímos autores de distintas nacionalidades y procedencias, enriqueciendo nuestra experiencia como lectores. Sin embargo, sentíamos la necesidad de acercarnos con mayor profundidad a aquellos escritores que han encontrado en el Caribe una fuente inagotable de inspiración. Queríamos reconocer en las páginas los paisajes que nos resultan familiares, escuchar nuestros modos de hablar, identificar costumbres heredadas y descubrir realidades que, aunque cercanas, a veces permanecen invisibles.
Cada lectura nos ha permitido aproximarnos a un Caribe distinto. Encontramos ciudades atravesadas por el calor, la memoria y los cambios sociales; pueblos donde las tradiciones continúan dialogando con la modernidad; personajes marcados por la migración, la desigualdad, el amor, la violencia o la búsqueda de libertad. Hemos comprendido que no existe un único Caribe, sino muchos Caribes que conviven y se expresan a través de diversas voces literarias.
Las tertulias se han convertido en escenarios de descubrimiento. No se trata únicamente de analizar una novela o comentar un cuento. Cada encuentro abre conversaciones sobre nuestra propia experiencia como habitantes de la región. Los participantes comparten recuerdos de infancia, historias familiares, expresiones populares y anécdotas que encuentran eco en los textos leídos. La literatura funciona como un puente entre la obra y la vida cotidiana.
Algunas de las lecturas generaron reflexiones profundas sobre el papel de las mujeres en la sociedad caribeña, los mandatos culturales heredados y las transformaciones que se han producido a lo largo del tiempo. Otras nos han permitido conversar sobre la memoria histórica, las desigualdades sociales y los desafíos que enfrentan nuestras comunidades. Los libros demuestran una vez más que la lectura no es solamente una actividad de entretenimiento, sino también una herramienta para comprender el mundo y cuestionarlo.
Uno de los aspectos más significativos de este recorrido fue descubrir la diversidad de autores que conforman el panorama literario del Caribe colombiano. Lejos de reducirse a unos pocos nombres ampliamente conocidos, encontramos una producción literaria rica y plural, integrada por narradores, poetas, ensayistas y cronistas que continúan aportando nuevas miradas sobre la región. Cada obra aportó matices, sensibilidades y perspectivas distintas que enriquecieron nuestras conversaciones.
Como mediadores y lectores, entendimos también la importancia de visibilizar estas voces. Promover la lectura de autores del Caribe es una manera de fortalecer nuestra identidad cultural y reconocer el valor de quienes han construido, desde la literatura, una memoria colectiva de la región. Cuando un lector descubre en un libro escenarios, palabras o experiencias que le resultan cercanas, se genera una conexión especial que fortalece su vínculo con la lectura.
En Almas lectoras creemos que una de las funciones de los clubes de lectura es precisamente tender esos puentes entre las personas y los libros. Por eso este año asumimos el compromiso de acercar a nuestros participantes a obras que dialogan directamente con nuestro contexto. La respuesta ha sido muy positiva. Muchos lectores manifestaron sentirse identificados con las historias, mientras que otros descubrieron aspectos desconocidos de la cultura caribeña que despertaron su curiosidad e interés.
Más allá de los títulos específicos que hemos compartido, lo más valioso ha sido la experiencia colectiva construida alrededor de ellos. Cada tertulia nos ha permitido escuchar nuevas interpretaciones, confrontar ideas y ampliar nuestra comprensión de la región que habitamos. Los libros han servido como punto de encuentro para el diálogo, la reflexión y el fortalecimiento de los lazos comunitarios.
Durante el recorrido hemos confirmado que leer el Caribe es una forma de reconocernos. En sus páginas habitan nuestras memorias, nuestras contradicciones, nuestras alegrías y nuestras búsquedas. Cada autor leído nos ha ofrecido una ventana distinta para observar la región y comprenderla mejor. Y cada conversación nos ha recordado que la lectura compartida sigue siendo una poderosa herramienta para construir comunidad.
Desde este espacio seguimos leyendo el Caribe porque en sus historias encontramos no solo la voz de quienes nos precedieron, sino también preguntas y respuestas para el presente. Leer a nuestros escritores es, en cierta forma, mirarnos al espejo y descubrir que nuestra propia realidad también merece ser contada.