Cómo se hace un taller de escritura: consejos desde la Red Relata

A través de la voz de cuatro directores de taller adscritos a la Red Relata —Paula Rojas, Miguel Páez, Carlos Alberto Molano y Johanna Enciso—, esta nota recoge experiencias, consejos y actividades que invitan a mirar de cerca cómo se construye un buen taller.

Los talleres de escritura de la Red Relata son como el contenido de una caja de colores o de una pequeña biblioteca, semejantes y distintos a la vez. Algunos grupos funcionan como espacios de retroalimentación colectiva de sus escritos; otros se reúnen para explorar los límites de la escritura y sus diferentes formatos; existen los que solo escriben cartas para sacudir su encierro. Sin embargo, todos estos espacios no nacen únicamente del deseo de escribir, sino de una necesidad intrínseca de ser escuchado y de estar en comunidad, como ya lo intuía Aristóteles en su libro Política.  

Con frecuencia se ha discutido sobre los temas de la escritura y acerca de cómo escribir. Existen numerosos manuales y reflexiones en torno a estos temas, como La verdad de las mentiras de Mario Vargas Llosa, Cómo se cuenta un cuento de Gabriel García Márquez o La escritura como un cuchillo de Annie Ernaux. Pero pocos textos y autores se han preguntado por el taller de escritura, qué ocurre en ese espacio y qué elementos lo sostienen. 

A partir de entrevistas con cuatro directores(as) de Talleres adscritos a la Red Relata —Paula Rojas, del Taller Lispector (Bogotá); Miguel Páez, de Ibagué Escribe y Cuenta; Carlos Alberto Molano, del Taller Permanente de Dramaturgia (Manizales); y Johana Marcela Enciso, del Taller Rayuela (Pamplona)—, en esta nota se recogen algunas experiencias, consejos y actividades que pueden servir de guía o inspiración para quienes dirigen, participan o desean crear un taller de escritura. 

 

Imagen cortesía de Taller Lispector.

 

Consejos para quienes desean conformar o fortalecer un taller  

1.Hacer del taller una conversación  

Cada taller literario tiene una persona que lidera y organiza un programa de lecturas y actividades, pero esto no debe traducirse en jerarquía. Los cuatro talleristas entrevistados coinciden en que el sentido del taller está en construir un espacio horizontal, donde todos puedan aportar desde su experiencia; es en ese diálogo donde el taller se nutre verdaderamente. El aprendizaje es una práctica colectiva, de ahí que los talleristas pueden aprender de su grupo.  

2. Escuchar al grupo antes de escribir con él  

La escucha es el punto de partida. Johanna Enciso, profesora de la Universidad de Pamplona, recuerda que cada grupo es distinto y, en esa medida, el tallerista debe ser sensible a los ritmos e intereses que lo integran. Algunos de los asistentes escriben como forma de catarsis, otros con el deseo de ser publicados. El taller, en cualquier caso, es un proceso y el tallerista, un mediador cultural.  

3. Elegir lecturas que dialoguen con los participantes  

Cada taller responde a su propio contexto. En esta línea, Paula Rojas del Taller Lispector señala que lo más importante en la labor del tallerista es conocer a los asistentes: su contexto territorial y sus gustos. Esto permitirá que tanto las actividades como las lecturas resuenen en ellos. 

 

Imagen cortesía de Taller Ibagué Escribe y Cuenta.

 

4. Pensar el taller como un proceso vivo  

El taller no comienza en la primera sesión, sino desde su difusión, planeación y la intención que lo convoca. Como apuntan los talleristas, las actividades programadas a menudo terminan expandiéndose y metamorfoseándose. Por ello, aconsejan que el taller y sus contenidos no se limiten a un corpus temático y crítico, sino que se vinculen con otras disciplinas artísticas o dinámicas que empujen a los participantes a mirar más allá del espacio de reunión e informarse de su entorno político y social.  

5. Leer para guiar 

Para Miguel Páez, director de Ibagué Escribe y Cuenta, el tallerista debe ser un lector generoso que lee primero a escritores de su región y estudia a cabalidad los autores que propone en su taller. Este espacio debe funcionar como una mezcla de ejercicios de escritura y un pequeño club de lectura.   

6. Construir comunidad en la escritura 

Los talleres comúnmente se rigen bajo una práctica y retroalimentación constante. Sin embargo, no se debe obviar que el taller — como afirma el profesor Carlos Monsalve— es siempre un encuentro y todo lo que ello implica, es decir, la posibilidad de dialogar, compartir experiencias y celebrar los resultados. A veces solo falta una amistad, un impulso en una hora oportuna para que alguien decida escribir.  

 

Algunas actividades para inspirarse  

Los consejos anteriores insisten en la escucha y en la participación más o menos igualitaria entre talleristas y asistentes. Con esto presente, los participantes del Taller Lispector proponen, desde su curiosidad o vivencias, interrogantes o rutas creativas. Por ejemplo, este año el taller realizó actividades en torno a la bitácora y el dibujo como otra forma de escribir, exploró los extensos formatos de la literatura híbrida y el tópico de la paternidad. A esto se le suma una «cena clandestina» donde los integrantes del taller conversaron sobre crónicas literarias y memorias gustativas. Han hablado sobre la poesía gazatí y han recorrido un humedal y contemplado y reinterpretado el paisaje.  

Por su parte, el Taller Rayuela, como otros talleres de la Red, se consagra en un solo género, en este caso la poesía, y sigue una metodología clara:  

  1. Lectura dialogada: análisis de textos de distintos autores y reconocimiento de las figuras literarias y las estructuras narrativas.  
  1. Ejercicio de escritura: detonantes poéticos, fotografías, fragmentos musicales, obras de arte.  
  1. Socialización y retroalimentación colectiva: de los textos producidos en el taller. Algunas sesiones se dedican exclusivamente al ejercicio de reescritura, durante el cual asistentes presentan hasta tres versiones de un mismo texto.  

Así, los talleres de la Red Relata demuestran que no hay una sola forma de acompañar la escritura: cada uno crea su propio método, su ritmo y su comunidad. 

Libros y páginas recomendadas  

Para quienes deseen profundizar en la creación de talleres o encontrar nuevas metodologías, existen también publicaciones que amplían y enriquecen la labor del tallerista: 

Fragmentos de un taller de Reynaldo Pérez Só. Aunque no es un manual en el sentido estricto, este libro plantea distintas maneras de mirar al poema, al poeta y a la poesía en una estructura de ars poética.   

Guías para talleres de escritura creativa (2010) de Relata. Esta guía propone diferentes acercamientos al taller de escritura; su nacimiento, las políticas culturales que lo atraviesan, el papel del tallerista, sugerencias metodológicas y demás herramientas.  

Guía para talleres de escritura creativa Relata (2018). Reflexiones frente a la enseñanza de la escritura, respuestas a las dudas comunes sobre la dirección de talleres, ejemplos de contenido y herramientas bibliográficas. Todo esto de la mano de las múltiples voces que conformaron y que conforman aún la Red Relata.    

Manual de poesía para uso de talleristas (1997) de Juan Calzadilla. Un plan de trabajo que nace a partir de las experiencias del taller literario La Gaveta Ilustrada, de Venezuela. El autor comparte diecinueve ejercicios de escritura colectiva.  

Módulo para talleres de expresividad literaria y poética de Juan Calzadilla Arreaza (2005). Construcción empírica del autor que brinda material crítico, pedagógico y una corta antología de poemas.  

Taller de creación literaria de Luís Fernando Macías. Una guía que ofrece ejercicios, conceptos y una variada selección de lecturas para fortalecer la capacidad creativa.  

Un taller caleidoscópico itinerante de Franklin Fernández. “Un recetario íntimo”, según el autor, que otorga un modelo tentativo de taller experimental itinerante.  

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