Siempre existe la preocupación sobre qué leen y escriben niños y jóvenes. Para la antropóloga Michèle Petit, el libro que se le presenta al niño es una forma de decirle que eso es el mundo que otros le pasaron y del que ella, la maestra, se apropió. Algo así como te presento el mar y los caballos de Poseidón que pueden surcar las olas, ese mar inquietante donde se ahogan inmigrantes. Y cuando el niño vea la torre Eiffel recordará un día en que una maestra le dijo que un poeta la había comparado con una pastora y sus puentes con ovejas. Es decir, para que los niños y jóvenes puedan habitar la ciudad con una carga simbólica y de asociaciones son necesarios los relatos, sin estos el mundo permanecería allí, indiferenciado.
Los mediadores culturales permiten de este modo una nueva travesía en el que se construye un mundo habitable, un espacio que dialoga. De ahí que Yolanda Reyes, en su libro Poética de la infancia, insiste sobre el papel del maestro de literatura que, más que un oficio, debe ser una actitud de vida, pues brinda contacto con esa literatura que permite dar una ilación a los hechos y a la vida. Por este y otros motivos, se han conformado talleres de escritura dirigidos a niños y jóvenes que abogan por un espacio donde la escritura se manifieste sin presiones evaluativas.
Katherin Medina, del Taller Libro Patio, y Ronald Rojas del Taller Doxa nos comparten algunos consejos, metodologías y libros para llevar a cabo un taller de escritura dirigido a niños y jóvenes. A estas reflexiones, se le suman algunos consejos extraídos de los libros Poética de la infancia de la escritora Yolanda Reyes y Leer el mundo de Michèle Petit.

1.Convierte la palabra en un puente, no en una lección
Guiar un taller de escritura para niños o jóvenes no es solo acompañar un proceso creativo: es entrar en contacto con sensibilidades en formación. De ahí que enseñar a escribir o leer a este tipo de grupo no debe funcionar como una técnica, sino como un gesto de imaginación compartida. Yolanda Reyes sugiere que el maestro o el tallerista, además de preocuparse por las actividades y los libros que enseña, también debería leer a sus lectores: cómo se llaman, a qué le temen, qué sueñan.
Para Ronald Rojas, tallerista desde hace siete años, el taller no debe tomar la forma de una clase tradicional. Escuchar a los jóvenes es, en ese sentido, una de las claves fundamentales: los textos no deben imponerse, sino proponerse como orientaciones que faciliten el proceso de escritura creativa.
2. Elige lecturas que resuenen con el territorio
Katherine Medina, promotora de cultura y tallerista desde hace tres años, señala que los libros que se elijan deben dialogar con la edad y el contexto de los participantes. No se trata solo de ofrecer “buena literatura”, sino de proponer textos que los interpelan desde su realidad: si se trabaja con una comunidad afrodescendiente, por ejemplo, conviene incluir autores que hablen desde ese territorio.
3. ¿Enseñar el amor por la lectura?
Como advierte Michèle Petit, hablar del placer de la lectura cuando nunca se lo ha sentido puede producir el efecto contrario. La palabra lectura hace referencia a algo más extenso: a la frase subrayada, a la lectura compartida, a las fantasías y recuerdos que se tienen de los libros mucho tiempo después. Y leer sirve ante todo para elaborar sentido, para dar forma a la propia experiencia, para ser un poco más sujeto de la historia personal.
4. Escribir desde la experiencia
En los talleres con niños y jóvenes, según ambos talleristas, la escritura puede partir de lo más próximo: el yo, la memoria, lo cotidiano. Los ejercicios autobiográficos permiten que los participantes descubran sus deseos, sus inclinaciones estéticas y sus aspiraciones. A su vez, es valioso que exploren y escriban sobre su entorno inmediato: el mar, un parque o las flores y animales de ese lugar.
En palabras de Michèle Petit, cuando los participantes se apropian de historias y saberes, tejen un vínculo vivo con los lugares que habitan, los remodelan y reconfiguran.
5. No evites los temas que duelen: dales palabra
La lectura y la escritura también son formas de sanar. Por eso, los talleres no pueden eludir los temas difíciles. Yolanda Reyes reflexiona que hablar del dolor, la pérdida o la violencia no debería ser un tabú: los niños sienten, piensan, se asustan y necesitan poner en palabras aquello que los conmueve.
Libros recomendados
Biblioteca de Literatura Afrocolombiana. Esta biblioteca de libre acceso recoge obras de Manuel Zapata Olivella, Helcías Martán Góngora, Carlos Arturo, Hazel Robinson, entre otros. Todos los títulos que componen la colección se encuentran en el catálogo en línea de la Biblioteca Nacional. Búscalos aquí.
Gramática de la fantasía (2006) de Gianni Rodari es perfecto para quienes buscan dinámicas que permitan jugar con el lenguaje. El autor propone 45 formas para dar rienda suelta a un relato, desde pensar todas las relaciones posibles de una palabra, hasta vincular términos opuestos o transformar el sentido de algunos al cambiar los prefijos.
Voces bajo la lluvia (2013) de Manuel Iván Urbina narra las travesías de una niña que sueña con una casa propia. Un relato que explora la precariedad y las eventualidades a veces injustas desde las experiencias de la pequeña Andrea.
Pedro Melenas (1845) de Heinrich Hoffmann. Libro álbum que reúne relatos en verso protagonizadas por niños rebeldes.